Patrística: 7º Dgo. del Tiempo Ordinario– 19 de Febrero de 2017


«“Al que te quite la túnica, dice Cristo, dale también el manto; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no lo rehúyas; tratad a los demás como queréis que ellos os traten” (Mt 5,40; Lc 6,30-31). De esta manera no nos entristeceremos como aquellos que han sido desposeídos contra su voluntad, sino que, por el contrario, nos alegraremos como los que dan de todo corazón, puesto que haremos una donación gratuita al prójimo más grande que si lo damos a la fuerza. Y dice: “a quien te requiera para caminar una milla, acompáñalo dos”. De esta manera no le servimos como si fuéramos esclavos sino que nos adelantamos a servirle como hombres libres que somos. En todas las cosas Cristo te invita a ser útil a tu prójimo, no teniendo en cuenta su maldad, sino poniendo tu bondad al máximo. De esta manera nos invita a hacernos semejantes a nuestro Padre “que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,45)».
San Ireneo


«Él lo ha terminado todo en la perfección de la bondad. En efecto, la Ley obligaba al amor al prójimo y concedía la libertad de odiar al enemigo. En cambio la fe manda amar a los ene­migos y mediante el sentimiento univer­sal vence los impulsos de violencia en el espíritu humano no solamente al impe­dir a la cólera la venganza, sino también aplacándola hasta amar a los que nos han causado perjuicio. Amar a los que nos aman es propio de paganos y es normal querer a los que nos aman. De una parte, pues, Él nos llama a la heren­cia de Dios, y de otra también a la imita­ción de aquel que dispensa a buenos y malos, con la venida de su Cristo, el sol y la lluvia en los sacramentos del Bautis­mo y del Espíritu. Así nos forma Él a la vida perfecta con este lazo de bondad para con todos, puesto que tenemos en el cielo un Padre perfecto a quien imitar».
San Hilario


«Muestra el Señor que no podemos po­seer el mérito del amor perfecto si ama­mos sólo a quienes sabemos que nos de­volverán en pago el amor mutuo, porque sabemos que este tipo de amor es común también a los gentiles y pecadores. Por eso quiere el Señor que superemos la ley común del amor humano con la ley del amor evangélico; de modo que no sólo mostremos el afecto de nuestro amor hacia los que nos aman, sino también hacia los enemigos y los que nos odian, para que imitemos en esto el ejemplo de la verdadera piedad y bondad paternas».
San Cromacio de Aquileya

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